La literatura nos sirve para acercarnos y para alejarnos de la realidad, para penetrar en nuestro interior y para contemplarnos desde fuera.
Nos hace -pensar y reflexionar,
-sentir y emocionarnos,
- disfrutar y sufrir,
-llorar y reír,
-y, en cierta medida, nos puede ayudar para que humanicemos nuestras relaciones,
-aunque a veces la usemos para deshumanizar la sociedad.
La literatura nos puede ayudar a defendernos
· de los ataques de la vulgaridad estética de la sociedad y de la brutalidad política de los poderosos,
· de la ordinariez ambiental y de la crueldad institucional.
El origen común y más hondo de los géneros literarios, nace en la necesidad que la vida humana siente de expresarse o, dicho de una manera más concreta, se origina en ese ansia honda que, a veces experimentamos, de dibujar unos seres que, parecidos o diferentes a nosotros, expresen nuestras recónditas aspiraciones.
sábado, 24 de mayo de 2008
Crear y recrear
La escritura crea la realidad y nos recrea a nosotros
Quiero... suplir con belleza las fealdades o darles melodía simplemente; hacerme, en suma, yo mismo, otra vez, desde lo primero, y a mi gusto. Porque esto es el arte, gusto, deleite, encanto; echarse aconciencia y heroicamente, a un tiempo, en la tabla del mundo y jirar con él, a su música infinita, por los eternos espacios.
Juan Ramón Jiménez
Quiero... suplir con belleza las fealdades o darles melodía simplemente; hacerme, en suma, yo mismo, otra vez, desde lo primero, y a mi gusto. Porque esto es el arte, gusto, deleite, encanto; echarse aconciencia y heroicamente, a un tiempo, en la tabla del mundo y jirar con él, a su música infinita, por los eternos espacios.
Juan Ramón Jiménez
Crecer
Vivir -escribir- es crecer, ensancharse, ahondar en uno mismo
YO sólo Dios y padre y madre míos,
me estoy haciendo, día y noche, nuevo
y a mi gusto.
Seré más yo, porque me hago
conmigo mismo,
conmigo sólo,
hijo también y hermano, a un tiempo
que madre y padre y Dios.
Lo seré todo,
pues que mi alma es infinita;
y nunca moriré, pues que soy todo.
¡Qué gloria, qué deleitem, qué alegría,
qué olvido de las cosas,
em esta nueva voluntad,
en este hacerme yo a mí mismo eterno!
Juan Ramón Jiménez
La palabra literaria crea la realidad y nos la ofrece como don: la recrea y nos la regala
¡INTELIJENCIA, dame
el nombre exacto de las cosas!
...Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas.
Juan Ramón Jiménez, Eternidades
viernes, 7 de diciembre de 2007
Literatura
La literatura es el cauce más adecuado para relatar la vida del alma humana y para representar los significados del mundo en el que vivimos: para explorar con palabras los latidos más hondos y más auténticos de nuestras experiencias.
Pero, para escribir literatura -para vivir la vida de esa manera tan intensa-, como afirma Antonio Muñoz Molina, hemos de mirar con la mirada del mirón, del testigo impasible, del observador morboso. Hemos de observar como lo hace el cirujano que abre nuestras carnes para extirpar las malformaciones, el relojero con su lente de aumento en el ojo guiñado, como el microbiólogo que se asoma al visor del microscopio para ver los cuerpos invisibles, como el forense, como el eremita que pasa mucho tiempo en su retiro sin hablar con nadie, y que, cuando vuelve temporalmente a su ciudad, descubre registra modificaciones que la mejoran o la depravan. Hemos de mirar con una mirada que taladre la frivolidad y detecte los signos reveladores de aquellos hechos que el interlocutor quiere esconder o no sabe que esconde detrás de sus palabras. Hemos de mirar, en resumen, como el miope que tiene necesidad de acercarse, y como el místico, que sólo ve cuando se aleja.
La materia prima de la literatura es la realidad inmediata contemplada desde el fondo de nuestra propia vida. La materia de la literatura es la vida humana.
martes, 27 de noviembre de 2007
Leopoldo de Luis, siguiendo a Jean Paul Sartre, solía repetir que un escritor sólo supera al tiempo si es plenamente fiel al suyo. Él llamaba a esa integración "respirar por la herida", queriendo decir con ello que la poesía sólo podía ser la escritura de un sentir producido por el inevitable enfrentamiento con su mundo. Jorge Urrutia en si "Introducción" a En resumen. Antología poética (1946-2005), Sevilla, Fundación José María Lara, 2007
sábado, 2 de junio de 2007
Experiencia vital
Concebimos, explicamos y aplicamos la literatura como un cauce que nos conduce a una experiencia de la vida más “vital”, más consciente, más intensa, más plena y más humana. Leer y escribir literatura es vivir, paladear, saborear, exprimir cada objeto y cada episodio.
La literatura es, sobre todo, una manera de mirar para descubrir la sustancia de los objetos, traspasar los límites sensibles a los sucesos, desnudar de disfraces y de caretas a las personas, penetrar en el fondo oculto de la mente, trascender las apariencias engañosas de los gestos, interpretar el significado de las palabras, apropiarse de las esencias de los objetos, crear y recrear paisajes, construir y reconstruir mundos.
Por eso, la calidad de la obra literaria depende, más que de la habilidad de la mano, de la agudeza de la mirada; más que de la finura del pincel, de la fuerza transformadora de las sensaciones y, más que de la agilidad de la pluma, de la capacidad creadora de la imaginación, de su poder incisivo para desentrañar los misterios de cada día.
No se oponen, por lo tanto, literatura y vida, ya que constituyen dos ámbitos mutuamente implicados e interdependientes: cada uno de ellos determina y explica la naturaleza y el significado del otro.
Los modelos literarios funcionan en la medida en que definen e interpretan, exteriorizan y objetivan los rasgos profundos más o menos conscientes de los lectores de una determinada sociedad y momento históricos.
Las obras literarias formulan de manera plástica los valores y los contravalores sociales, las aspiraciones y frustraciones de las diferentes comunidades y grupos. Pero debemos tener en cuenta que esos modelos literarios no se limitan a repetir miméticamente los grandes mitos inventados por la poesía sino que influyen, en cierta medida, en la configuración de la realidad social entera.
La literatura es, sobre todo, una manera de mirar para descubrir la sustancia de los objetos, traspasar los límites sensibles a los sucesos, desnudar de disfraces y de caretas a las personas, penetrar en el fondo oculto de la mente, trascender las apariencias engañosas de los gestos, interpretar el significado de las palabras, apropiarse de las esencias de los objetos, crear y recrear paisajes, construir y reconstruir mundos.
Por eso, la calidad de la obra literaria depende, más que de la habilidad de la mano, de la agudeza de la mirada; más que de la finura del pincel, de la fuerza transformadora de las sensaciones y, más que de la agilidad de la pluma, de la capacidad creadora de la imaginación, de su poder incisivo para desentrañar los misterios de cada día.
No se oponen, por lo tanto, literatura y vida, ya que constituyen dos ámbitos mutuamente implicados e interdependientes: cada uno de ellos determina y explica la naturaleza y el significado del otro.
Los modelos literarios funcionan en la medida en que definen e interpretan, exteriorizan y objetivan los rasgos profundos más o menos conscientes de los lectores de una determinada sociedad y momento históricos.
Las obras literarias formulan de manera plástica los valores y los contravalores sociales, las aspiraciones y frustraciones de las diferentes comunidades y grupos. Pero debemos tener en cuenta que esos modelos literarios no se limitan a repetir miméticamente los grandes mitos inventados por la poesía sino que influyen, en cierta medida, en la configuración de la realidad social entera.
Afirmamos que la sociedad no sólo se encuentra impregnada por la creación cultural, sino que ella misma “es” creación cultural.
La visión de la Literatura es sintética y sincrética. Se considera como un proceso complejo, poliédrico y polivalente: como un lenguaje artístico, elaborado con los instrumentos que proporciona una lengua, dotado de un singular poder para llenar de significados múltiples a todos los seres de la naturaleza y a todos los elementos de la cultura; provisto de una extraordinaria capacidad para extraer los sentidos profundos de las acciones humanas y para crear modelos originales de mundos alternativos.
Parte de un doble supuesto:
a.- La Literatura es un producto lingüístico interpretable y valorable mediante los diferentes instrumentos teóricos y metodológicos que proporcionan las diferentes disciplinas lingüísticas -Fonética y Fonología, Morfología y Sintaxis, Lexicología y Semántica- en sus distintas orientaciones histórica, descriptiva y aplicada.
b.- La elaboración y la recepción de los textos son los resultados de unos procesos complejos en los que intervienen el autor y el lector; ambos procesos están determinados y son explicables por los múltiples factores de índole psicológica y sociológica, insertos todos ellos en un espacio histórico y cultural.
Apoyándose en Habermas, Apel y Ricoeur, concibe y aplica la hermenéutica como una opción que toma en serio al “contexto histórico” e, incluso, a la “ubicación social” y como alternativa tanto al fundacionalismo como al relativismo total. El análisis de la “ubicación social” insiste en la necesidad de prestar atención explícita a las cuestiones de sexo, raza y clase en toda interpretación literaria[1].
Aunque se refiere tanto al “texto” como al “discurso”, pone especial énfasis en este segundo concepto para evitar en lo posible los presupuestos idealistas o puramente culturalistas de la categoría “texto”. El “discurso” exige siempre atención a las realidades explícitas o implícitas de poder en la emergencia de sentido y de conocimiento. El “discurso” significa no sólo, como afirma Benveniste, “que alguien dice algo a alguien”, sino que, además, pide la atención y la participación de ese alguien. Esta concepción hermenéutica se extiende más allá de los antiguos modelos psicoanalíticos y marxistas para llegar a una forma de análisis del discurso que se ocupe de las cuestiones del sexo, de la raza y de la clase.
[1]Véase Richard J. Bernstein, 1983, Beyond Objectivism and Relativism: Science, Hermeneutics and Praxis, Filadelfia, University of Pensylvania Press; Richard Hollinger (ed.) 1985, Hermeneutics and Praxis, Notre Dame, University of Notre Dame Press; Price R. Wachterhauser (ed.), 1986, Hermeneutics and Modern Philosophy, Albanym State University of New York Press.
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